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10.03.2007

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Y EL TREN...

          Contaba mi abuelo paterno Pepe Mas –que nació en Lepe- al que llamaban el “Ministro de agricultura”, por su locuacidad y saber creer en los cambios, hablar mucho de ellos, y soñar con la entrada en el Mercado Común,que fué con su padre a ver semejante bicho, que era esta  una locomotora negra, echaba mas vapor que una caldera de molino, y traía mas ruido que una tormenta de Mayo, que ese día las gentes de Trigueros fueron a recibirle con unas banderas en las manos, y la banda de música, y que al bajarse el maquinista alguien le preguntó:

-Oiga usted ¿esto anda y come paja?
 -No,  solo anda con el vapor del agua.
Y en su socarronería le respondió, para no molestarle:
- No quisiera discutirle, pero lo que no come paja, es imposible que ande.

          Bueno, después de tan controvertido parecer sobre las máquinas, el tren siguió funcionando: por esta línea bajaban “mercancías” , que eran trenes cargados de cobre, que cuando pasaban temblaba todo el suelo, con un ruído como un terremoto..

          Me gustaba saludar a los maquinistas desde la viña de mi abuelo Juan Bartolo –que luego le tocó a mi tío Pino- , yo correteaba desde la casa Villa Guadalupe, hasta cerca de las vías, hasta que un día el maquinista hizo sonar la sirena de tal modo que me dio un buen susto, que durante un tiempo me llevé haciéndole el saludo a distancia , no fuera a repetir la broma.

          Después, empezaron a ir al baño en unos trenes que paraban en la estación de San Juan, que se llamaban TAF, que tardaban hasta allí unos 25 minutos, y funcionaban con gas-oil.

         La “ puntualidad española”  de la época, se trasladó a los trenes, y había hasta hace poco una pregunta que se le hacía  sin malicia al jefe de estación:

  1. Oiga Vd ¿A qué hora pasa el tren de la una y media¿
  2. Puede pasar sobre las 14,00 horas, trae retraso desde Zalamea la Real.

 

          Claro, y había estación muy recoleta, que poseía un enorme anden para los pasajeros, y un almacén de unos cuatrocientos metros cuadrados, recubierto de chapas de zinc, por donde una multitud de ratas como burros, se pasaban a placer. Y donde Pepita Blanco aseguraba tener todo, lo que no había en su ferretería, en aquellos años la mejor del pueblo. La cuestión ea mas o menos esta:

  1. Pepita tiene Vd. esto… o aquello¿
  2. No hijo está en la estación,. Mañana por la mañana lo trae Juanito Romero –que le llamaban Juan Moyano, y tenia un pequeño carro, para traer mercancías, donde se enganchaba él mismo-. Ven tú por la tarde.

 

          Así se marchaban tan contento el parroquiano, después de las explicaciones de Pepita…

 

    Fue publicado en la revista de San Antonio Abad.
                    Corregido el 14.03.0
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